Entre las opciones sostenibles en los últimos años figura la sustitución de los automóviles de combustión por los eléctricos, pero “a pesar de las ventajas de éstos, no hay que olvidar que también contaminan”.
Aunque “se puedan vender como vehículos de emisiones cero (ya que, al no tener combustión, no emiten gases al aire) el desgaste de los frenos y los neumáticos, como consecuencia del propio roce de los vehículos en circulación, supone un gran emisor de partículas finas, que son las más tóxicas para la salud”, ha detallado.
Además, el portavoz de la organización ecologista considera que “el uso masivo de vehículos eléctricos en la ciudad no es una alternativa ambientalmente sostenible”, ya que si se sustituyeran todos los coches de combustión por otros eléctricos “no solucionaríamos los múltiples inconvenientes del vehículo privado” y por ello aboga por eliminar éste directamente para sustituirlo por “un transporte público eléctrico y de calidad”.
En búsqueda de un modelo urbano sostenible
En contra del exceso de coches en la ciudad se manifiesta también Iván Villarrubia, arquitecto urbanista que trabaja actualmente en una consultoría de movilidad ciclista y forma parte del colectivo ‘En bici por Madrid’.
Para Villarrubia, las bicicletas son inicialmente una opción mucho más sostenible pues “no contamina como el coche” y en cualquier caso “lo único relevante es que haya un vehículo de combustión menos” pero, para conseguir esto, la clave reside en “la planificación urbana”.
Este factor es, a su juicio, “determinante” pues, tal y como ha asegurado a EFE, “da igual los carriles bici que pongas, las línea de autobuses que abras y los coches eléctricos que quieras meter para decir que contaminas menos porque, si el modelo urbano no es correcto, la movilidad es muy difícil de cambiar”.
Este arquitecto cree que es necesario tener en cuenta la cercanía de los servicios básicos de salud o educación a los ciudadanos para que estos “no necesiten desplazarse en exceso” y por tanto puedan acceder a ellos sin necesidad de transporte.
Respecto a los puestos de trabajo que “en ocasiones no se pueden elegir”, lo ideal sería ubicarlos no “al lado de autopistas o autovías, sino cercanos a las estaciones de cercanías” para de este modo poder “llegar en un tiempo razonable evitando el atasco de las mañanas: es ahí es donde empieza el día sin coches”.
Aunque el primer impulso para organizar esta jornada se remonta a 1973, no fue hasta el 2000 cuando la Comisión Europea la adoptó formalmente y se declaró el día mundial, ubicándolo además dentro de la Semana Europea de la Movilidad, que en los últimos años se ha centrado en buscar opciones más sostenibles y menos contaminantes para el transporte. EFEVerde.