Valencia, designada Capital Verde Europea 2024, nos recibe con una luz única y una historia de resiliencia ciudadana que transformó su mapa para siempre. El corazón verde de la ciudad es el Jardín del Turia, un antiguo cauce fluvial que, lejos de convertirse en una autopista de hormigón, renació como un inmenso pulmón de nueve kilómetros. Hoy, este corredor conecta el Parque de Cabecera con la arquitectura futurista de la Ciudad de las Artes y las Ciencias, regalando a locales y viajeros un espacio para pasear, hacer deporte o simplemente tumbarse bajo los árboles.
Pero Valencia se vive también sobre dos ruedas. Sus más de 150 kilómetros de carril bici invitan a descubrir una ciudad plana y amable, pedaleando desde el centro histórico hasta el mar. En este trayecto, es inevitable perderse por sus barrios con identidad propia: el laberinto bohemio del Carmen, la creatividad vibrante de Ruzafa o la esencia marinera del Cabañal, donde las fachadas de azulejos nos hablan de un tiempo que resiste.
Y al sur, el tesoro natural: La Albufera. Un oasis de biodiversidad donde el arrozal se funde con el lago y donde la puesta de sol es un ritual sagrado que nos conecta con las raíces de la tierra.
Valencia, capital verde europea 2024
Viajamos al norte para descubrir Oslo, Capital Verde en 2019. Aquí, la naturaleza no es un decorado, sino la protagonista absoluta. La capital noruega ha sabido integrar el azul profundo de su fiordo y el verde intenso de sus bosques en una planificación urbana compacta y sostenible.
El barrio de Bjørvika es el símbolo de esta transformación. Allí, junto al agua, se alza la impresionante Ópera de Oslo, cuyo diseño permite caminar por su tejado como si fuera una montaña urbana, y el nuevo museo dedicado a Edvard Munch. Pero lo que hace única a Oslo es su capacidad para ofrecerte aire puro a solo unos minutos del centro. El tranvía nos lleva hasta Nordmarka, un vasto territorio forestal perfecto para el senderismo en verano o el esquí en invierno.
La ciudad también reinventa el bienestar con propuestas como el proyecto de arte nómada SALT, una aldea de saunas frente al fiordo donde la cultura, la música y el calor del vapor crean una experiencia comunitaria inolvidable.
Oslo, capital verde europea 2019
Nuestra última parada es Liubliana, la capital eslovena que ostentó el título en 2016 y que sorprende por su intimidad y su respeto al peatón. Es una ciudad hecha a escala humana, donde el coche ha cedido su espacio a las personas. Su centro histórico, cerrado al tráfico desde 2007, es un remanso de paz vertebrado por el río Ljubljanica, cuyas aguas esmeralda reflejan la belleza de los sauces llorones y la vida de las terrazas ribereñas.
Caminar por Liubliana es cruzar puentes de leyenda, como el famoso Puente de los Dragones o el elegante Triple Puente, y descubrir la huella del arquitecto Jože Plečnik, artífice del Mercado Central y la Biblioteca Nacional.
El pulmón de la ciudad es el Parque Tivoli, que se extiende hasta la colina de Rožnik, permitiendo que el bosque penetre casi hasta el corazón urbano. Y para quienes buscan la cara más alternativa de la ciudad, el barrio de Metelkova Mesto ofrece un estallido de color, arte callejero y cultura underground en lo que fueron unos antiguos barracones militares.
Liubliana, capital verde europea 2016
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