Esta ruta está diseñada para atravesar algunas de las zonas más espectaculares del país siguiendo la fuerza del Atlántico. Desde castillos medievales y pueblos pesqueros hasta penínsulas salvajes, paisajes infinitos y regiones donde la naturaleza sigue marcando el ritmo de la vida.
Un viaje pensado para descubrir la Irlanda más auténtica, recorriendo algunos de sus escenarios más impresionantes mientras cada día ofrece una cara diferente del país.
La aventura comienza saliendo desde Dublín rumbo al sur de Irlanda, haciendo una primera parada en uno de los lugares históricos más importantes del país: la Roca de Cashel. Este impresionante conjunto medieval, rodeado de leyendas y paisajes verdes, es una de las imágenes más icónicas de Irlanda y una perfecta introducción al viaje.
La ruta continúa hasta Cobh, un pequeño pueblo costero famoso por haber sido la última escala del Titanic antes de cruzar el Atlántico. Sus casas de colores, su ambiente marinero y la imponente catedral convierten esta parada en uno de los rincones con más encanto del recorrido.
Después de atravesar Cork, el viaje llega hasta Glengarriff, en plena bahía de Bantry. Aquí la experiencia cambia completamente de ritmo con un paseo en barco para descubrir la colonia de focas de la zona y los jardines de Garinish Island, un lugar especialmente conocido por haber inspirado a Agatha Christie.
La jornada termina en el histórico Eccles Hotel, rodeado de naturaleza y tranquilidad, en uno de los paisajes más bonitos del sur de Irlanda.

El segundo día está dedicado a algunos de los paisajes más impresionantes del país. La ruta atraviesa la península de Beara y se adentra en las montañas del famoso Anillo de Kerry, considerado uno de los recorridos panorámicos más espectaculares de Europa.
Durante el trayecto aparecen algunos de los lugares más conocidos de Irlanda, como Ladies View o la cascada de Torc, además de los jardines de Muckross House, situados dentro del Parque Nacional de Killarney.
La jornada continúa por otro de los grandes escenarios naturales del viaje: el Anillo de Dingle. Aquí el Atlántico se convierte en protagonista absoluto. La carretera de Slea Head ofrece acantilados, playas salvajes y algunos de los paisajes más cinematográficos de Irlanda, utilizados incluso como localización en Star Wars.
El día también permite descubrir pueblos llenos de personalidad como Kenmare, Killarney, Adare o el ambiente pesquero de Dingle, antes de terminar en Limerick, ciudad histórica situada junto al río Shannon.

La tercera etapa comienza en el Castillo de Bunratty y su pueblo folclórico, uno de los lugares más curiosos para acercarse a la Irlanda tradicional. Casas de época, calles históricas y rincones inspirados en leyendas irlandesas convierten esta visita en una experiencia muy diferente al resto del recorrido.
Desde allí, la ruta continúa hacia uno de los grandes iconos naturales del país: los Acantilados de Moher. Con más de 200 metros de altura sobre el Atlántico, este lugar representa la imagen más salvaje y espectacular de la costa irlandesa.
Pero Irlanda todavía guarda más contrastes. Tras los acantilados, el viaje atraviesa el Parque Nacional de Burren, un paisaje kárstico completamente diferente al resto del país, donde la roca domina el horizonte creando un entorno casi lunar.
La jornada termina ya en la región de Connemara, una de las zonas más auténticas y menos alteradas de Irlanda.

El último día está dedicado por completo a Connemara, probablemente una de las regiones más especiales de Irlanda. Lagos, montañas, turberas y carreteras solitarias crean un paisaje profundamente ligado a la identidad del país.
Aquí se visita la Abadía de Kylemore, uno de los lugares más románticos y fotografiados de Irlanda, rodeada de naturaleza y jardines victorianos.
El recorrido también incluye una de las experiencias más auténticas del viaje: una demostración de perros ovejeros Border Collie frente al fiordo de Killary, una escena que refleja perfectamente la tradición rural irlandesa.
Antes de regresar a Dublín, la ruta hace una última parada en Galway, una ciudad completamente diferente al resto del viaje. Música en las calles, ambiente bohemio, pubs llenos de vida y una energía joven convierten a Galway en el cierre perfecto para esta ruta por el Atlántico irlandés.

Este itinerario no está pensado para simplemente “ver” Irlanda, sino para recorrerla de verdad. Para disfrutar de sus carreteras panorámicas, de sus pueblos pequeños, de los cambios constantes del paisaje y de esa mezcla entre naturaleza y tradición que hace del país uno de los destinos más especiales de Europa.
Una ruta donde el Atlántico acompaña prácticamente todo el viaje y donde cada día ofrece una Irlanda diferente, pero siempre auténtica.
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